UNA PARTE DE MI VIDA - Me hice una experta en mamadas y me
encantaba que se corrieran en mi boca, aquello les gustaba
muchisimo y sobre todo cuando me tragaba toda su leche.

Hola, es la primera vez que escribo algo sobre mi en Internet,
por eso espero que sabréis disculpar mi falta de expresividad.
Soy varón (cosas de la naturaleza), pero me gustaría llamarme
Jeannette, tengo 45 años y hace aproximadamente unos 20 que
descubrí mi gran afición a la lencería femenina, no solo lencería,
sino todo tipo de prendas de vestir, vestidos, zapatos de aguja,
pelucas, incluso maquillaje.
Todo empezó en Las Palmas de Gran Canaria, donde, como sabréis,
hay muchos travestis y transexuales. Poco a poco, aunque estaba
casado, me fue interesando cada vez más todo ese mundo que les
rodeaba. Hasta tal extremo, que fue la causa de mi divorcio. No es
que lo pusiera como motivo en la demanda, pero si fue lo que me
indujo a pedir la separación por otros motivos.
Día tras día me introducía más y más en su mundo, estaba el tiempo
que podía vestido de mujer en casa. Medias, tacones, tangas,
picardías, peluca y maquillaje, era mi pasión siempre que alguna
visita inoportuna no me lo impedía. Pero poco a poco, la soledad
me rodeaba más y más. Yo sin saber me distanciaba de la gente
conocida cada vez más. Reaccioné a tiempo y empecé a relacionarme
con estas chicas (travestis) tan maravillosas.
No fue difícil, pues su trabajo en la prostitución, facilitaba el
contacto y poco a poco hice un grupito de amigas. Pasado un
tiempo, nuestra confianza alcanzó su grado máximo, fiestas, cenas,
orgías... Nuestra relación era simplemente maravillosa y sensual.
Llegué incluso a perder efectividad en mi trabajo, (soy
funcionario) cosa que se dejó notar y mis superiores me dieron
varios toques de aviso. Pero bueno, me puse las pilas, hice ver
que mi separación matrimonial tenía la culpa y todo se pasó,
afortunadamente para mí.
Todo marchaba de maravilla. Seguía con mis amigas y cada vez me
enviciaba más con ellas, las tenía en mi pensamiento a todas horas
y como veía que me aceptaban de aquella manera, llegaron a ser mi
obsesión. Echaba de menos sus contactos, nuestros juegos eróticos,
y sobre todo cuando me penetraban de aquella manera tan bestial,
me volvía loca sentir sus penes entrando y saliendo en mi culo uno
tras otro, formábamos un quinteto estupendo, digno de la mejor
peli porno.

Me hice una experta en mamadas y me encantaba que se corrieran en
mi boca, aquello les gustaba muchísimo y sobre todo cuando me
tragaba toda su leche, esto las excitaba mucho más. Un día, me
propusieron que me quedara en su piso y que me ofreciera a algún
cliente, yo acepté como loca, pero cuando el hombre estaba desnudo
ante mí, comprendí que no eran hombres lo que me gustaban sino
solo travestis. Me gusta que las mujeres me follen y lo más
parecido a esto son travestis y transexuales.
Recuerdo unos carnavales, lo pasamos de vicio, yo salí disfrazada
de prostituta, mis amigas me ayudaron a maquillarme y la verdad es
que lo hicieron de maravilla, solo mi voz delataba mi condición
masculina, mis ademanes, mi manera de andar y todo, salieron, pero
bien, bien. ¡Que semana!
Un grupo de adineradas cuarentonas solteras contrataron a mis
amigas para unas jornadas de sexo en casa de una de ellas. Como
eran lesbianas eligieron mujeres con pene y yo me apunté. Aquello
fue bestial, tres días dándole al mete y saca, aquellas mujeres
eran insaciables, parecía que habían descubierto el sexo en esos
días.
La casa estaba llena de consoladores y máquinas eléctricas para la
penetración, fue allí donde probé por primera vez uno de esos
artilugios y me enganché a ellos, desde ese día no falta uno en mi
cama para mis ratos de soledad. Recuerdo que un aparato de los
eléctricos, tenía en su extremo un pene de 30 cms. de largo por 6
cms. de grueso, acoplado a un motor que lo hacia entrar y salir a
distintas velocidades.

Me apunté a probarlo y fue algo maravilloso, sentir aquello tan
grande en mi culo y que me llegaba hasta las entrañas, como
entraba y como salía mientras le comía el clítoris a una de
aquella mujeres, ¡ufff! Solo de pensarlo me pongo cachonda. Suelo
recordar aquellos tres días muy a
menudo y sobre todo para estimularme cuando estoy de baja moral.
Que tiempos aquellos, digo esto porque al poco tiempo, en el
trabajo, me dieron la noticia que me destinaban a la Península.
Aquello fue para mí un mazazo impresionante, era como cortar una
vida por lo sano, pero tuve que rehacer mi vida sino quería caer
en una depresión. Mis cuatro amigas me consolaron y animaron
bastante y la despedida que me hicieron fue algo maravilloso y
difícil de olvidar.
Ya en la península, continué con mi vicio preferido, el
travestismo privado, y procuro entablar nuevos contactos, pero
como mi experiencia en las Islas Canarias no hay nada que se le
parezca.
Un besote para todas aquellas que lean mi escrito y decirles que
el travestismo es algo maravillooooooooooooooooooso. A la que le
interese le mando fotos (pero seriedad).