DIARIO DE UN HOMBRE FOLLADO POR UNA TRANSEXUAL Me penetra más
profundo. Entra y sale. Comienza a entrar y a salir, yo comienzo a
gemir, me abandono a ese placer sensacional que tanto quería.
He llegado a un piso secreto donde ella me espera. Estoy
nervioso, pero esa emoción resulta estimulante y veo que crece a
medida que el ascensor se aproxima a la puerta.
Salgo al descansillo y de pronto, justo cuando el sonido de mis
zapatos hace mella sobre el suelo, una puerta se abre. Ella me
espera detrás de la hoja. Nos estamos deseando. Paso el umbral y
la descubro refugiada en una sombra. Destella su mirada hermosa,
sus ojos grandes que me penetran. Me coge de la mano y me besa. Me
llama precioso.

Tiene una blusa de seda negra transparente, abierta, y un tanga.
Sus pechos rebosan de carne, se ciernen sobre el abismo del aire,
caen, pero se sostienen firmes. Sus piernas son fuertes, elásticas
y muy bellas. La deseo mucho, a pesar de su sorpresa, esa polla
que refugia en el tanga y que ya he visto varias veces.
Me lleva a su cuarto y me pide que me desnude y que espere. Me
quito todo, pero dejo la chaqueta del traje. Quiero estimularla
con una imagen erótica mía que contemplo en el espejo.
Al poco oigo sus tacones pisando con seguridad. Es la reina de la
casa, mi reina. Entra y me mira, sonríe y se acerca. Me rodea por
la cintura y me besa. "Todo precioso", -me dice-.
Luego toma mi polla y la rodea con sus dedos, artesanalmente me
acaricia trayendo al mundo mis primeros suspiros. La dejo y me
abandono. Me quita la chaqueta besándome, rodeándome con su
cuerpo, que gira en torno al mío. Es delicioso. Sé que bajo su
tanga habita una polla gruesa que tiene dispuesta para mí, para
penetrarme. Me encanta que lo haga, me vuelve loco.
Ahora me pide que me apoye en la pared con los brazos, que abra
las piernas. Lo hago. Estoy de cara a esa pared y ella está detrás
de mí contemplándome. Siento como se desnuda, pero no puedo verla.
Oigo su ropa caer a algún lugar, es un sonido lento, suave,
acolchado. Se acerca lentamente. Tiemblo como un niño. De pronto
se apoya en mí. Noto sus pechos en mi espalda. Noto su polla en mi
nalga. Nada hay más delicioso que ese contacto inmenso. Está
erecta, gruesa. Me pide que me esté quieto. Lo estoy. Me acaricia
y besa mi espalda.
Un escalofrío me sube desde lo más profundo. Sabe ponerme a cien.
Es una experta que ha nacido para dar placer a los demás, según me
dice. Ummm. Abre mis piernas y se cuela por debajo en cuclillas.
Se mete entre ellas y coge mi polla. Se la lleva a la boca y
traga, me chupa los entresijos de mi sexo devorándolo. Lo hace con
fuerza y con ritmo. Mi polla aumenta de grosor. Ella la ensaliva y
succiona. Está así algún tiempo.

Me estoy deshaciendo. Quiero que me parta la nalga, quiero
sentirme hundido por su espada penetrante, pero aún es pronto. Sé
que la gusto; se nota. Está muy a gusto conmigo. Yo con ella
también.
De pronto me lleva a la cama y me tumba. Luego se tumba encima de
mí. Es toda una mujer. Nuestras pollas están unidas, juntas, se
dan calor. Me abraza y me besa. Nuestros labios se juntan, somos
delicados los dos, ella conmigo y yo con ella. Me gusta sentir el
calor de su polla sobre la mía.
Ella se mueve y provoca más excitación. Luego se sienta sobre mí,
me pide que la deje penetrarse con mi sexo y la dejo. Lo hace y
comienza a cabalgar. Se está deshaciendo. Noto el calor de su
intestino, que crece con el movimiento. Sus ojos pierden las
órbitas naturales y se quedan vacíos. Está deshaciéndose. Se lo
merece, pienso para mis adentros.
Más tarde se tumba de nuevo. Me pregunta que si quiero que me
folle. Lo estoy deseando hace mucho, le digo. Abre mis piernas
entonces y me unta vaselina. Estoy viéndola. Veo su polla inmensa
cerca de mí. Está erecta, llena de sangre que palpita sus
veintiséis años de vida. Es muy joven me digo.
Sus dedos acarician mi entrada, me dice que mi culo se abre. Lo
abre con sus dedos, me rodea el esfínter, lo tienta y lo palpa,
mientras ella, con la otra mano, agita su miembro terso. Está
caliente como la arena de la playa. La quiero dentro de mí. No
deseo otra cosa. Toma mis piernas y las alza, las pone sobre sus
hombros, abre más el ángulo y se acerca caminando de rodillas.
Noto la punta de su polla delante justo de mi
entrada. Algo líquido resbala por ella, noto que se dilata, que la
permite entrar y ella comienza a empujar hacia mis adentros, me
dice que mire cómo se abre mi culo, busca mi carne interior para
separarla con esa polla gruesa que ya no puedo ver pero que, sin
embargo, siento. Me duele y me gusta. Se va abriendo paso en medio
de esa oquedad magnífica que le presto. Nuestros cuerpos se van
juntando.
Me sigue doliendo, pero necesito ese dolor para que el placer se
expanda. Es inmenso sentirlo. Me agrada. Me vuelve loco. "Ya la
tienes toda, precioso", -me dice- El dolor ha cedido. Noto la
punta de su polla en algún recoveco de mi cuerpo que no domino.
Respiro un poco. Echo adelante mi culo para afianzar esa polla que
es una quilla que me navega. La siento más. Noto el glande sobre
el colchón de mi pared intestinal.
Ella empieza a moverse rápido. Toma mis piernas, las eleva, las
cruza a la altura de los tobillos, las sostiene ágilmente con una
mano y me penetra más profundo. Entra y sale. Comienza a entrar y
a salir, yo comienzo a gemir, me abandono a ese placer sensacional
que tanto quería y la busco, provocó con mis movimientos sentirla
más, busco que acaricie la parte de mi interior cercana al mítico
punto "g", la próstata se hincha, es mi clítoris, mi gran
estallido. Vuelve a colocar las piernas sobre sus hombros y me
folla más fuerte. Se la oye gemir. Cierra los ojos.

Luego me da mi polla con su mano para que la coja, para que me
masturbe. Lo hago lentamente, pero elevó mi culo hacia arriba para
buscar la presión de su polla sobre mi interior más excitable. Es
nuestro tercer encuentro y parece que me desenvuelvo mejor, que
encuentro el movimiento.
Me masturbo lentamente, provoco un placer que se expande y se
estira. La contemplo follarme y me parece mentira que sea tan
preciosa. Sus senos rebotan en el aire. Su melena se mueve, sus
ojos parpadean, su boca se muerde, veo todos sus fragmentos uno
por uno mientras mi leche sube por la polla pidiendo salir.
Retraso el orgasmo, pero no quiero cansarla. La quiero mucho para
hacerlo.
Poco a poco llega, está llegando, y ella me hunde, me parte, me
inunda, me rompe, qué delicia que me rompa, cómo es posible me
digo que no crearas tú un ser tan sensacional en el paraíso. Mi
mano agita la polla, el orgasmo llega arriba, estoy gritando y la
leche se desparrama, alcanza su pecho y cae también sobre mi
vientre. Oooooooooh, qué grande sensación, que hermosa esta mujer
con polla.
Soy suyo, soy femenino con ella. Se tumba sobre mí y me besa.
Ninguna mujer ha sido nunca tan dulce conmigo. Lo juro.